“La IA, otro episodio de la dictadura del capital”, por EZEQUIEL ADAMOVSKY


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La inteligencia artificial avanza a una velocidad que supera la capacidad de gobiernos e instituciones para regularla. Pero el problema de fondo no es tecnológico sino democrático: hoy las decisiones clave sobre qué herramientas se lanzan, cómo funcionan y qué riesgos implican quedan en manos de un puñado de empresas. ¿Por qué no podemos decir no?

El Diario Ar – Hace unos días, Kristalina Georgieva, la directora del FMI, lanzó una advertencia: “No tenemos la habilidad colectiva de proteger el sistema monetario internacional contra riesgos cibernéticos de gran magnitud”. Se refería al anuncio de una nueva herramienta de IA que permite detectar y explotar fallas informáticas a una escala y velocidad sin precedentes, lo que amenaza a todo el sistema financiero. Nada menos. 

Agreguemos otro riesgo económico: la IA está absorbiendo una cantidad gigante de las inversiones a nivel global. Y, sin embargo, todavía no está claro que su aplicación vaya a redituar en los aumentos de productividad esperados. Todos confían en que sí, pero no hay elementos para anticipar que la inversión valdrá la pena. Muchos, al contrario, ven una burbuja que estallará en algún momento, dejando el tendal de víctimas que suelen dejar las burbujas financieras globales. Eso lo pagaremos todos. Y no hablemos la pérdida masiva de empleos, que ya está ocurriendo y que nadie sabe a ciencia cierta cómo reemplazaremos.

Saliendo del terreno económico, los riesgos no son menos. En política son múltiples, comenzando por la proliferación de imágenes, videos y audios falsos pero realistas generados por IA que condicionan respuestas electorales, y siguiendo por las herramientas para influir sobre ellas. Para no hablar del fetichismo de la IA, la tendencia a creer que “la IA dice tal o cual cosa” (en lugar de entender que hay muchas IA, cada una creada por empresas diferentes, que responden cosas distintas ante una misma pregunta) y a otorgar a sus respuestas el valor de verdades incuestionables, a pesar de que, lo sabemos, muchas veces son un disparate. 

En el terreno cognitivo y docente los problemas son colosales. Diversos reportes advierten sobre la pérdida de capacidades intelectuales por la dependencia de la IA. Los docentes en todo el mundo están improvisando a ciegas modos de adaptar la enseñanza y las evaluaciones. Las revistas científicas no saben cómo identificar trabajos hechos por un humano y refritos generados por una IA. Se podrían dar muchos más ejemplos…

 

Un puñado de gente, como Mark Zuckerberg, define todas esas cosas que afectan profundamente nuestras vidas y el curso del mundo. Sin ningún control democrático, sin rendir cuentas a nadie. Una verdadera dictadura del capital.  Crédito imagen: Nowbelov para Unsplash.

 

EZEQUIEL ADAMOVSKY,

historiador y profesor de la Diplomatura en Cultura Argentina

 

 

 


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