Ecos de la lírica franciscana en algunos poemas de José Pedroni


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Ecos de la lírica franciscana en algunos poemas de José Pedroni Compartí

Por María Isabel Zwanck*

 “El hecho es que cada escritor crea a sus precursores.

Su labor modifica nuestra concepción del pasado,

como ha de modificar el futuro.

En esta correlación nada importa la identidad

o la pluralidad de los hombres”.

Jorge Luis Borges

 

Tal como lo señala nuestro epígrafe, el punto de partida de nuestro ensayo será la aceptación del postulado borgeano según el cual todo autor crea a sus precursores. A partir de esta sentencia y dejando de lado, sin embargo, los conceptos de influencias, fuentes  o intertextualidad,  se observarán las coincidencias entre la lírica atribuida a San Francisco de Asís y su grupo de “juglares religiosos” y algunos poemas del poeta argentino José Pedroni. Para ello, se deslizará la lectura del famoso “Cántico de las creaturas” y “Elogio de la pobreza” desde el referente devocional, tal como ha sucedido principalmente, y se los resemantizará   como  sencillos poemas populares que inauguraron en el siglo XIII la lírica italiana.

 

José Pedroni

 

Pedroni, el hermano luminoso

Cuando José Pedroni publicó en 1926 su libro de poemas Gracia Plena, Leopoldo Lugones entregó al diario La Nación una jugosa reseña. Uno de sus párrafos sostenía:

Místico a la manera pagana de las églogas, es decir, por tierna exaltación ante el bien y la hermosura de la vida, cuya animación sensibilizada así en amor humano, trasciende a la forma religiosa del panteísmo, el libro de este poeta canta como ningún otro de los argentinos, las albricias del país. Su frescura generosa, su sana sencillez, su sincero alborozo ante todos los amores fecundos que embellecen la vida en gracia y en fortaleza, resultan la expresión misma del pueblo joven, que a la caricia temprana del sol, cree en la dicha y trabaja cantando.

Si bien Lugones enfatiza el valor nacional de los poemas de Pedroni- la época y la cosmovisión del autor ameritaban ese enfoque- , interesa destacar para nuestro trabajo las siguientes expresiones  que sustentan su argumentación: “hermosura de la vida, forma religiosa de panteísmo, alborozo ante los amores fecundos, gracia y fortaleza, caricia temprana del sol”.  Sumados estos términos al título de la reseña, “El hermano luminoso”, todos ellos formarían una interesante cadena semántica que puede ser aplicada tanto al campo literario como al religioso. Coincidirían en este último aspecto con la visión franciscana expresada en sus poemas y en los numerosos episodios recogidos, principalmente, en Las florecillas de san Francisco.

Pedroni fue un hombre sumamente religioso, aunque “no profesaba ningún culto”. Sin embargo, leía diariamente la Biblia, tal como comenta uno de sus biógrafos:

Comentaba Beto Zen lo que en la década siguiente publicó el poeta Jorge Isaías en el prólogo de José Pedroni – Papeles inéditos-, reiterando lo relatado por Jorge Campana, entonces funcionario de la Delegación Zona Sur de la Subsecretaría de Cultura y que había sido el secretario privado de Pedroni durante aquel desempeño como funcionario provincial: “…en sus mañanas de funcionario, Pedroni se encerraba en su despacho con su dilecto amigo, el Dr. Agustín Zapata Gollán para leer atentamente algunos versículos de la Biblia y también el desencanto que le producía cuando su secretario” –Jorge Alberto Campana– le recordaba la primera audiencia de la mañana, debiendo entonces suspender hasta el día siguiente tan fascinante lectura” (En Orbea Álvarez).

De tales hábitos Pedroni bebió parte de su estilo, tal como se observa en la estructura de letanía  que vertebra su canto al  “Nacimiento de Esperanza”. El  poema, piedra fundante de la gesta de  Pampa Gringa, comienza con la traducción de un salmo que transcribe en latín como epígrafe  “in nativitate tua gaudebit universa terra”  (II 40-44). El ritmo de las letanías también se percibe en la reiterada anáfora  que encabeza varios versos del romancillo  “Pala” (II 284). Incluso, la influencia de la estructura de oraciones religiosas se traduce, por ejemplo, en  el comienzo de las estrofas que rememoran  el Padre Nuestro : “Gaucho que estás en todas partes/ en la tierra … “Vénganos otra vez  / ¡Oh gaucho! Tu coraje / Vénganos tu conciencia del deber” (II 109 y 110); las alusiones a Fray Luis de León en “Cántico al ciudadano del mundo” ( II 114),  a  Jesús, José, Marta y María en  “Su nombre” (II 89), a Ruth de la Biblia en  “Dulce palabra” I 153); a Santa Teresita en el romance homónimo (I 209) y a Juan XXIII, en su poema “La bolsa” (II 247).

El tópico medieval del contemptu mundi  reaparece en los versos dedicados a la muerte de un colono:

¿Para qué el bronce, el oro?

¿Para qué el palosanto?

Pongan todo en la tierra

Graben el primer Salmo (II 150).

 

Varios poemas de Pedroni llevan por acápite una cita bíblica: “Maternidad” es precedida por la alusión a la fecundidad de Raquel con un versículo del Génesis (I 67) y  “Versos a la amiga” alude al valor de la amistad con una cita de Proverbios (I 49).  En “Palabras a Dios” convierte su fe en una lírica plegaria (I 159). Y en “Palabras al hijo por nacer”, Pedroni  propone la  figura de San Francisco, como modelo de vida: “Hijo mío: te quiero de corazón sencillo/ tal como el Pobrecillo” (I 87). Así expresa una enfermedad prolongada que sufrió el poeta: “Ya mirando la estampa de San Juan/ … / estuve enfermo un mes” (I 114).  Al recrear una escena de la vida de Santa Teresita, imagina:

 

A lo lejos pasa

la virgen María

seguida de vagas

figuras en fila.

Espada imponente

del arcángel brilla

con pájaro al hombro

San Francisco mira (I 211).

 

Y en su poema “El secreto”, el poeta rememora una etapa de su vida y elige a la manera de Francisco, una soledad itinerante:

Anduve mucho tiempo, conocí a varios hombres

pasé por muchos pueblos sin preguntar sus nombres.

Comí lo que me dieron o no comí. Tampoco

dormí todos los días; lo hice de poco en poco.

Y fue tal mi pobreza, mi soledad, mi daño

que no sé cuántos años envejecí en un año (I 189).

 

San Francisco de Asís

 

Francisco, el juglar religioso.

Luego de su conversión y despojamiento de los bienes terrenales, San Francisco abandonaba esporádicamente su reclusión para ir en busca de los más humildes. A ellos dirigía sus pláticas y sermones que, en raptos místicos tomaban la forma de canciones.  Diecisiete años después del primer episodio, tal como lo describe Ozanam,  Francisco dictó sus cantos a sus discípulos en la vacilante lengua umbría; las enseñanzas poetizadas líricamente circulaban en forma oral  como poemas y más precisamente en forma de canto, siguiendo la tradición italiana.  Y fueron traducidos con posterioridad, de allí las distintas versiones que nos llegan (67).

Los textos  más reconocidas por la crítica como de su autoría son  el “Cántico de las Creaturas” o “Cántico del Sol”, “Elogio de la pobreza” y el “Cántico del amor” 1. Es que el fundador de la Orden, movido por su práctica de  “mendicidad itinerante”,  propiciaba “la prédica moral en un lenguaje poético, en un estilo que el santo definió como juglaresco” (Guglielmi 228) 2. Es más, elegía para ello palabras rudas y sencillas pues prefería  ser considerado “simple e iletrado” a fin de asimilarse a un juglar. En “Espejo de perfecciones” se pregunta: “¿Qué otra cosa son los siervos de Dios  sino una especie de juglares suyos, encargados de conmover los corazones de los hombres y de infundir en ellos una santa alegría espiritual?” (Guglielmi 249). Y sus seguidores honraron su enseñanza a fin de trasmitir  “la herencia del triple amor que su fundador tenía, a Dios, a la humanidad y a la naturaleza” (Ozanam 74).

A la luz de esta breve presentación de las figuras de Pedroni y Francisco, observemos ahora algunos poemas del poeta santafesino donde, de acuerdo con nuestra propuesta, resuenan ecos del espíritu franciscano.

 

La poesía de José Pedroni

Creemos que la  triple  llama de amor propuesta por “el Pobrecillo” está presente en los poemas de “el hermano luminoso”. El amor a Dios- “Cántico del sol”-  fundido con el amor a las creaturas divinas, los animales, pájaros y la naturaleza,  puede ser rastreado en las “Oraciones panteístas” y otros poemas de Gracia Plena. Y el amor a la Humanidad se encarnaría en dos vertientes muy claras de la lírica de Pedroni: la exaltación del trabajo artesanal presente en El nivel y su lágrima– y la búsqueda de la paz- en Cantos del hombre.

 

La dignidad del trabajo manual.

Francisco impuso a sus seguidores la obligación de trabajar. A diferencia del mundo antiguo que predicaba las bondades del ocio, el Santo destacaba los pasajes evangélicos donde se exalta la excelencia del trabajo. Y unido este hecho a su aspiración a la pobreza, el despojamiento y la carencia, traslada estas ideas a sus prédicas donde dignifica  los oficios más humildes.

Este tópico franciscano puede verse resemantizado en el libro de Pedroni El nivel y su lágrima, donde el lector es sorprendido al descubrir poemas dedicados  al carpintero “Lápiz de carpintero” ( II 276), “Soldador ( II 258-9), “La herrería de Nicolás” (II 34), “Al camionero nocturno ( II 126) o “Canto al carnicero” (II 307- 310). El reiterado planteo temático de Pedroni respondía a la política del gobierno argentino  que  favoreció la ola inmigratoria que vendría y vino a fundar la Pampa Gringa gracias a su cultura del trabajo.

En su poema “Cartel”, el poeta propone: “Mujer: ama al obrero, el de las manos;/  ámale en su simpleza, sin rubor”. E inmediatamente, emulando el ritmo de las letanías , enumera los distintos oficios y caracteriza cada uno con un breve juicio de valor positivo : “Ama al herrero de potente brazo”, “Ama al buen labrador/ fiel como un can”; / “Ama al carpintero que hace su propia mesa”/ “Ama al guadañero/ buscador de la luna”; “Ama al minero … al pocero, … al marinero…; al ladrillero…; al albañil rubicundo…, al hojalatero… al pescador… al pintor” (I 309-310).

 

 

La poética del argentino también enfoca los humildes instrumentos del trabajo manual, tal como los primeros cristianos los representaban en murales y pinturas de iglesias y catacumbas. Francisco valoró por encima de todas las virtudes la humildad. Así  lo expresó en el episodio de las Florecillas : “Y san Francisco, viendo la caridad de  sus hermanos y la humildad de  de Fray Maseo, les hizo un sermón maravilloso de la santa humildad, enseñándoles que cuantos mayores dones y gracias nos da Dios, tanto más hemos de ser humildes, porque sin humildad ninguna virtud es aceptable por Dios ( Muelas 41-42).

Movido tal vez por este mismo espíritu,  Pedroni completa su galería de humildes trabajadores con una lírica exaltación de los instrumentos de trabajo, todos presentes en Los ríos de la mano ( II 249- 310). Al respecto, recordemos que cuando Paul Ricoeur se refiere a la metáfora viva,  observa que “el lenguaje poético no es  decir de “otro modo” , sino una forma de decir más “por agregado de sentido” ( En  Isoldi 42). Así leemos estrofas  que poetizan  utensilios hogareños: “Dedal”, “Plancha”, “Escoba”, “Agujas de tejer”, “Balde”, “Máquina de coser” y “Tijeras”. Y también describe  líricamente  los  instrumentos del obrero: “Martillo”, “Papel de lija”, “Escuadra”, “Destornillador”, “Pala”. Los trabajos campesinos son dignificados en  “Arado”, “La trilladora” y “Carretilla”. Cada uno de esos instrumentos son  tomados como títulos de un poema y recortándolos de su entorno campesino, son convertidos en símbolos  que refuerzan la dignidad del homo faber: “Ellos no conocían la fatiga. / Pusieron la fe, que es todo, y también la espiga” (II 14).  Dentro de este segmento de exaltación de las herramientas de trabajo, destaquemos el poema dedicado por Pedroni a la muerte de su padre, quien fuera un albañil de la Lombardía. En  “Palabras a mi padre y a su digna herramienta”, el poeta se resiste a la literalidad del simple objeto y dignifica la cuchara de albañil que en el sepelio:

…como la cruz en tu pecho,

orgullo de tu vejez,

ella fue puesta a tus pies

cuando te fuiste.  ( I 175)

 

Al igual que Francisco, Pedroni, sumergido en la realidad del campo y la dependencia de las cosechas3, sintió que “su mensaje carece de valor mientras no se convierte en vehículo de una enseñanza o doctrina”  (Mastronardi X).  Y para hacerlo, desdeñó las temáticas y figuras retóricas que podrían haber opacado la limpidez de su mensaje y, con un estilo llano y directo- ¿tal vez juglaresco, al igual que Francisco?- eligió convertir en palabras la realidad circundante de la epopeya de la Pampa Gringa: “Canta a la vida, amigo, porque la vida es santa / y es agradable y bella… ¡Canta a la vida, canta!” (I 30).

 

La búsqueda de la paz

Recordemos que el Santo siempre comenzaba sus prédicas en las plazas con el saludo  “El Señor te dé la paz”. Luego exhortaba  a dejar de lado las enemistades y buscar la armonía social amenazada principalmente por la larga contienda entre güelfos y gibelinos. Este deseo pacificador lo lleva a exclamar en una de las últimas estrofas del Cántico de las creaturas: “Alabado seáis, señor mío, a causa de los que perdonan por amor a vos, y que se mantienen pacientemente en la enfermedad y en la tribulación. Dichosos aquellos que perseverarán en la paz, porque el Altísimo les coronará” (Ozanam 61).  Y en “La leyenda de los tres compañeros”, Francisco sostiene: “ La paz que anunciáis con palabras tenedla de un modo más excelente en vuestros corazones, para que a nadie seáis motivo de ira ni de escándalo, sino que vuestra mansedumbre y paz sean quienes impulsen a todos a la benignidad y concordia” ( Guglielmi 255).

Saltemos espacio y tiempo y encontremos en los versos de Pedroni la misma vocación por la paz, tal como es expresada en “La mesa de la paz”, incluido en Cantos del hombre. Creemos que el poeta argentino remeda una visión evangélica de la búsqueda de la paz, tal como la propiciaba Francisco de Asís en su vida y en su obra. Para ello, convierte su ánimo de armonía social en una alegoría de un convite donde estarán presentes todos los  hombres, pues “llena de pan igual,/ y tantos platos como tantos hombres/ está la mesa de la paz” (II 121). En un entorno bucólico a la manera de las églogas clásicas- como señalara Lugones-  el poeta invita:

El camino es de ríos sin fronteras,

por él se va.

Acaba en un inmenso mar sin lindes:

la unidad del trigal.

Hay una voz antigua que reclama;

dice: no matarás,

y una voz que conduce;

dice: ama a tu igual  (II 121).

 

Y luego, a la manera de Juan XXIII- ya nombrado por el poeta-  predica la justicia como requisito previo a la paz:

 

Está en el reino de la vara justa,

del buen pesar:

cada cual con su vino en su garrafa;

cada cual con su sal (II 121).

 

San Juan XXIII

 

Y detalla más adelante: “la mesa limpia quiere manos limpias; /no quiere más” … “Tira el arma en la tierra mancillada/ de sangre y alquitrán … También las piedras del rencor y el odio; también, arrójalas”, pues “Nada de lo escondido y lo negado / sirve a la paz” (II 122).

Canto al hombre también  incluye  “Palabras al Pandit Nehrú”. Pedroni  se hace eco de un discurso del líder indio, convierte su epígrafe – “Nosotros queremos ser afables”-, en estribillo de sus estrofas y lo traslada a la realidad del campo santafesino, en un cuadro bucólico que exalta el mismo espíritu pacificador (II 141).

 

El amor a la Naturaleza

Sostiene Ozanam en su estudio sobre los poetas franciscanos en el Siglo XIII que surgió en Italia una corriente de juglares religiosos mendicantes que de pueblo en pueblo cantaban a la Naturaleza “buscando en el mundo exterior con desinterés y respeto no los placeres sino las enseñanzas y las acciones” (Ozanam 54). Francisco abrevó en este sentimiento popular para poner de relieve por encima del tópico clásico del locus amoenus,  el plan divino de la Creación. Al cantar las maravillas de la obra divina, no desdeñó  a las criaturas “más pequeñas, las más despreciadas y acordándose de su común origen, las califica de hermanos y de hermanas … y las criaturas a su vez, le correspondían con la misma obediencia que al primer hombre, restableciéndose para él aquel orden destruido por el pecado” (Ozanam 55-56). De ahí, el “Cántico de las criaturas” (en italianoCantico delle creature; en latínLaudes Creaturarum), también conocido como Cántico del hermano Sol.  Francisco agradece  el amor de los pequeños animales, palomas, corderos, pájaros, y  los cuatro  elementos de la naturaleza (tierra, fuego, agua y aire), todos aludidas como figuras vivas del amor divino. Federico Muelas en el “Prólogo” a su versión castellana de Las florecillas de San Francisco, explica el “Cántico”  desde la perspectiva de la verdadera riqueza del hombre sobre la Tierra:

Así san Francisco y sus frailes fueron inmensamente ricos porque pacíficamente todo lo poseían: el hermano Sol, la hermana Luna, el hermano Viento, el hermano Fuego, las hermanas avecillas. Esta posesión no implica el poderío, es decir, el señorío insincero y egoísta, sino el afecto cordial a cuanto es bello, amable, tierno, poderoso, suave y fuerte. Hermandad suavísima bajo la paternidad de Dios ( 17).

Críticos y lectores de los poemas de Pedroni reconocen en ellos, además de un lenguaje claro y preciso, numerosos  vocablos que conforman un campo semántico propio de ámbitos campesinos, muy semejante al empleado por Francisco. Los seis adjetivos de la cita anterior dan muestra acabada del estilo de ambos poetas. De igual forma, Pedroni  alude en sus versos a  palomas, grillos, bueyes, cabritos,  espigas, harina, luz, trigo, arado, florecillas, río, pan, árbol, etc. Este  ideal de sencillez  lo lleva a exclamar en  “Sueño eglógico”:

Una mañana fresca-ya empezaba a gustarme

la vida de la aldea- Milón vino a buscarme.

 

Traía en las alforjas, especias y pan grueso

y, para siete días, vinagre, sal y queso.

 

En medio del hatillo de cabras, parecía

que su perrito negro ladraba de alegría.

 

Salimos. Los aromos estaban florecidos.

Los bueyes se ausentaban con profundos mugidos.

 

En la campiña húmeda cantaban los labriegos

y era fragante el humo de los primeros fuegos (I 29).

 

 

En el extenso poema podemos  percibir junto al “soplo franciscano” comentado por Lugones,  la alabanza del beatus ille trasuntado en  palabras como sencillez, ternura, humildad, mansedumbre y justicia. Incluso, los adjetivos que acompañan a este mundo sencillo, coinciden con algunos que, a modo de clásicos epítetos, Francisco atribuye a sus hermanos: Sol, “hermoso y esplendoroso”; Luna y estrellas, “claras y bellas”; Agua,” útil, humilde, preciosa y casta”; Fuego, “agradable, indomable y fuerte” (Ozanam 60-61). Ambos poetas cantan las cosas simples de la vida con palabras simples. Y ambos   revalorizan la pureza del campo, cantan a la creación y proponen un nuevo proyecto de vida:

Mi vida está colmada de una armoniosa calma.

Algo que es como un ala me golpea en el alma.

Tú ves, no soy el mismo. Pienso que es bueno todo,

hablo con voz tranquila, camino de otro modo,

 

y siento un gran deseo  de amar ….(I 31)

 

Oraciones panteístas

Tal como lo señalara Lugones en su presentación de Gracia Plena, el espíritu “eglógico” y “el soplo franciscano” están muy presentes en “Oraciones panteístas”. Creemos que en sus cuatro poemas, Pedroni continúa la tradición clásica de la filosofía griega de los cuatro elementos  de la naturaleza, los enlaza con los versos de Francisco en su “Cántico a las Creaturas” y, aunando ambas tradiciones, expresa su agradecimiento por la presencia del agua, del fuego, del aire y de la tierra. Sin embargo, Pedroni los exalta con un paso más adelante de ellos. El Sol se convierte en luz; tal “Madre Luz”, el primer texto.  El Fuego se trasunta en humo como percibimos en “Hermano Humo”.   El Aire es encarnado en “Hermano Viento”. Solo el agua es aludida en forma directa en “Parábola del agua”. Y encabeza su declaración de fe con  su breve poema titulado “Credo”:

Creo en la luz, que es pura, y en la tierra,

Y en el agua, que es casta, y en el sol,

Y en la sombra cordial que se derrama

Con la dulzura de tu corazón (I 48).

 

El cuarteto celebra en su apretada síntesis  la firme unidad de su concepción  del mundo a la vez que, como en los siguientes poemas que observaremos,  la íntima unión entre mundo exterior “naturaleza” y su realidad interna –“dulzura de tu corazón”.

 

“Madre luz” (I 99)

Es el primer poema de una serie de cuatro.  Observemos que no denomina hermana, como a los otros tres elementos, sino que la eleva en cierta forma a la categoría de creadora.  Todo el libro Gracia plena está dedicado a la exaltación de la mujer fecunda como el origen de la vida 4.  Posible influencia franciscana que tituló su “Cantico de las creaturas” también como “Canto al Sol”,  considerado la más bella criatura y en cierta forma  la representación de Dios (En el Evangelio, el Señor es “Sol de justicia” pues todo lo esclarece).

Francisco exclama: “Alabado sea Dios mi Señor a causa de todas las criaturas, y singularmente por nuestro hermano el Sol, el cual nos proporciona el día y la luz. Es hermoso y esplendoroso, irradiando un gran brillo y rindiendo homenaje a Vos, ¡Oh Dios mío!” (Ozanam 60).

Pedroni comienza su alabanza invocando con ecos del Génesis: “Oh luz, principio claro, causa eterna del hombre:/ Santificado sea tu milagroso nombre”. A partir de esta invocación desarrolla el poeta su acción de gracias que se desprende de la asimilación luz-maternidad: “Oh luz, gracia absoluta, lleno simple y fecundo,/ Dulce estado de amor alrededor del mundo” .  Y destaca sus virtudes sobre el hombre:

Te debo la dulzura de mis días serenos

y el estupor azul de mis dos ojos buenos.

Te debo la alegría de ser hombre, y de amar,

Y de tocar la tierra-que es pura- y de soñar.

 

Y finaliza con una síntesis de la creación: “Oh luz, bendita seas por todo lo cumplido: / Por el pan, por el agua, por la flor, por el nido”. Al igual que en la lírica franciscana, el vocabulario es escogido a fin de señalar las cosas sencillas y primordiales. Por ello, cada palabra  está ubicada dentro de la urdimbre poética  con una singular eficacia expresiva a fin de acentuar la misma forma religiosa de panteísmo.

 

Hermano Humo (I 100-101)

Esta oración panteísta continúa en cierta forma la sexta estrofa del Cántico franciscano: “Alabado seáis, Señor mío, por nuestro hermano el Fuego. Gracias a él se ilumina la noche. Él es hermoso y agradable a la vista, indomable y fuerte” (Ozanam 60).

Pareciera que Pedroni hubiera concentrado su atención en los cuatro calificativos del fuego: “hermoso, bello, alegre y fuerte” y transfiriera esas cualidades a su ambiente campesino. El vocativo “hermano Humo” abre la perspectiva de diálogo con ese humilde compañero del hogar pues: “cuando me marcho, tú que eras mi hermano/ fiel humo de invierno, / te quedas con ella” ( I 100).  De todos los fuegos, elige el humo provocado por lo más humilde: “humo de abrojillo,/  el menos fragante, pero el más sencillo /  entre los cien humos que tiene la aldea”. Y luego el poeta  despliega los efectos del humo en la vida campesina, trabajando imágenes olfativas:

Y oliendo estas cosas,

fiel humo que acaso no hueles a nada,

yo siento en el alma la misma alegría

que si oliera rosas (I 101).

 

La última estrofa continúa la enumeración  de la fraternidad del humo con cada elemento de la naturaleza y finaliza el canto declarando a la manera franciscana su íntima unión  con el hermano poetizado: “…y este verso mío que también es humo”.

 

Parábola del Agua (I 102- 103)

Francisco compuso: “Alabado sea mi señor por nuestra hermana el Agua, que es tan útil, tan humilde, tan preciosa y casta” (Ozanam 60).

Pedroni cambia al referirse al agua la estructura de sus títulos. Al identificar el poema como parábola, busca en el lector u oyente una recepción aún más simbólica.  Compuesto por cuatro estrofas, las tres primeras describen la función del agua en un buey, un ave blanca y un aguador. Ambos resuelven una situación sencilla  o una  pequeña dificultad gracias a la intervención  de la “buena amiga” que llega a todos: el buey  sacia su sed; el ave blanca recupera su pluma perdida pues “el cristal de la laguna” la acoge como “prenda de volver” , y el “tímido aguador” sale de su apuro pues encuentra en el lugar de la vasija perdida “cien mariposas / posadas bajo el sol”. La cuarta y última estrofa cambia su ritmo al señalar al poeta sacando su conclusión de los tres hechos anteriores: “seamos en la vida como el agua/ que se deja beber”.

Una digresión: La gota encantada es el título del primer libro de poemas de Pedroni, publicado en 1923. El segundo poema, titulado “Canto a la lluvia” dialoga con el anterior analizado y anticipa en cierta forma la hermandad con el agua. El poeta desea con-fundirse con el agua  a quien califica como “hermana encantada” para confesar su deseo:

¡Ser agua! ¡Ser agua!

Ser entre los hombres como el agua pura;

decirles palabras de paz que tuvieran

tu mismo aleteo

y que las sintieran

caer en sus almas como de una altura (I 26-7).

 

La gota encantada anticipa en cierta forma las “Oraciones panteístas” ya que, además del poema homónimo  (I 26) y “El canto a la lluvia” (I 27)  recientemente citado, Pedroni incluyó  “A la espera del sol” (I 33)  y “Humo” (I 379. La misma exaltación de hermandad  panteísta a la manera franciscana puede ser percibida  con distintos matices en  sus poemas  “Agua y viento”  (I 61), “Agua” (I 247) , “Sentido de la lluvia” (I 262), “Amor con lluvia y paloma” (II 315). Y  en “El sueño eglógico” ya mencionad, el poeta santafesino despliega el ideal bucólico de sencillez campesina con diversos motivos  donde resuena aún más el “soplo franciscano” al decir de Lugones (I 28-30) .

 

“Hermano Viento” (I 104- 107)

La cuarta estrofa del “Cantico de las Creaturas” dice: “Alabado seáis, Señor mío, por nuestro hermano el Viento, por el aire y la nube y la serenidad de todos los tiempos, cualquiera que fueren, porque por medio de ellos sostenéis todas las criaturas” (Ozanam 60).

Tal vez movido por esta imagen franciscana, Pedroni dedica un extenso poema- catorce estrofas de distinta extensión-  al “hermano Viento”. Sustenta su mensaje poético sobre los mismos elementos de la naturaleza: el viento que sostiene “todas las criaturas”, el aire y  la nube, presentes en el texto medieval. El poeta santafesino invoca  al “hermano errabundo” en un diálogo fraterno a fin de descubrir el mensaje oculto en su silbido: “Oh viento, algún día de tanto escucharte/ sabré tu secreto” Y con una progresión temática casi episódica, donde se aúnan “acontecimientos y significación” al decir de Ricoeur, describe al “fuerte amigo” jugando y revoloteando en libertad por el pueblo. También lo defiende de las posibles críticas  de los que lo evitan, sin comprender su inevitable  movimiento: “Sepan que no sabes detener tus alas; piensen en la angustia de tu vuelo ciego”. Y la personificación culmina con la esperanza de una total identificación Hombre- Naturaleza, pues:

Oh hermano, algún día sabré la palabra,

Y entonces, sin cuerpo,

Rondando villajes, moviendo molinos,

Cruzando desiertos,

Con el nombre humilde que quieran ponerme

Seré un viento fresco.

 

REPRODUCCION DE UNA FOTO DEL POETA JOSE PEDRONI, EN SANTA FE EN EL AÑO 1938

 

Conclusión

Hemos intentado evocar en algunos poemas de José Pedroni los ecos de la lírica atribuida a San Francisco siete siglos atrás. Creemos que en ambos está presente un mismo mensaje de espiritualidad  que funde en su visión lírica lo cósmico con lo terrenal, proyectando ambos ámbitos a un nivel superior.

Al leer la lírica franciscana en clave poética,  hemos ampliado  su marco devocional para insertarla en el primer escalón de la literatura italiana. Y al proyectar esta lírica medieval sobre los poemas de Pedroni, descubrimos en ellos ecos de una profunda religiosidad que continuarían el pensar y la ideología franciscanos. Ambos autores convirtieron en palabras el silencioso canto de la creación divina. Salvando las distancias de tiempo y espacio, el  doble cruce  nos trae en este siglo veintiuno el mismo mensaje. Tanto Francisco como Pedroni  aúnan sus voces para  proponer  a través de la  fusión Hombre-Naturaleza  una fraternal búsqueda de armonía universal.

 

Notas

  1. La pasión italiana por el canto popular es reconocida, entre otros, por Ozanam: “Estos italianos saben prescindir de vestidos y de pan, pero no saben pasarse sin canciones” (Ozanam 36). Y San Bernardino de Siena cita un último cántico, “Diálogo entre Cristo y el alma”. Pero por distintos rasgos de la escritura también se lo atribuye a Jacopone de Torri, muerto en 1306 (Ozanam 65). Ambos episodios avalan la difusión de Las florecillas de san Francisco que surgen espontáneamente luego de la muerte del santo.
  2. Al respecto sostiene Guglielmi: “ La teoría de la administración de los bienes terrenos … tenía una larga tradición y está presente en otra de las prácticas de los franciscanos: la mendicidad itinerante … o sea, circunstanciada a los momentos en que los hermanos debían alejarse del convento” (Guglielmi 238).
  3. Al referirse a la pobreza en el siglo XIII, la autora señala: “El campo y su rendimiento representan un papel fundamental todavía en la economía del siglo XIII  … Italia participaba de la precariedad e incertidumbre de las cosechas y sus secuelas, de la mortalidad de los animales en épocas difíciles” (Guglielmi 244).
  4. La historia de los libros de Pedroni es también la historia de su vida. Escribió Gracia Plena (1925) mientras esperaba la llegada de su segundo hijo.

 

Bibliografía

Borges, Jorge Luis .  “Kafka y sus precursores”. En  Otras inquisiciones. Obras completas. Vol.  I. Buenos Aires: Emecé Editores, 1973  (710-712). Impreso.

Guglielmi, Nilda.  “San Francisco”. En Marginalidad en la Edad Media. Buenos Aires: EUDEBA, 1986. Impreso.  

Isoldi, Beatriz. El pacto secreto .Del autor al lector. Buenos Aires:  Botella al Mar, 2009.

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* Es profesora en la Diplomatura en Cultura Argentina de nuestro instituto. Profesora en Letras egresada del Instituto Superior de Profesores Roque Sáenz Peña, de Buenos Aires donde realizó la adscripción a la Cátedra de Literatura Española Siglos XVIII,XIX y XX,. Con posterioridad obtuvo el Grado Científico en Formación Literaria en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.