“A sesenta años de Nostra aetate: hablar de Dios resulta peligroso”, por ROBERTO BOSCA
Se advierte crecer una persecución de guante blanco por parte de una cultura del pensamiento único cada vez más intolerante con el otro, transida de crímenes aberrantes y de una prédica contumaz de odio.
Infobae – Nostra aetate, declaración del Concilio Vaticano II conocida por sus primeras palabras (traducidas del latín, “de nuestro tiempo”) es uno de los documentos más breves de la magna asamblea. Sin embargo, produjo un giro copernicano, y como consecuencia del mismo, una transformación completa en la pastoral de la jerarquía eclesiástica que se mantuvo vigente durante siglos y siglos.
En efecto, cambió significativamente el enfoque de sus relaciones con las religiones no cristianas, que a partir de ese momento comenzaron a ser valoradas positivamente desde la propia fe católica.
Para comprender el giro, basta recordar la tradicional estampa ecuestre de Santiago Matamoros, cuyo santuario goza de una llamativa popularidad, en la que el santo aparece impartiendo feroces mandobles a los caídos cuerpos de fieles de Alá.
Esta nueva actitud no debe ser leída como una claudicación vergonzante de las propias creencias, según suelen interpretar los espíritus más conservadores, sino como una mejor comprensión de la dignidad de las personas y de sus derechos. No se trata de diluir las diferencias en un sincretismo, sino de la posibilidad de poder construir un futuro común…

Apóstol Santiago Matamoros.
profesor de la Diplomatura en Cultura Argentina y director académico del Instituto de Cultura
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