“El deporte como herramienta de la política exterior”, por ROSENDO FRAGA
El desafío concreto es trasladar esta importante expresión de poder blando al campo de la economía y el comercio.
Clarín – El reconocido experto estadounidense en relaciones internacionales, Joseph Nye, planteó décadas atrás su tesis de que los países, en su proyección global, tenían dos poderes, uno “duro” y otro “blando”. En el primero se destacan lo militar y lo económico y es el utilizado por las potencias para presionar e imponerse. Ello contrasta con un poder “blando” usado como arma de seducción y manifestado principalmente por la cultura y el deporte.
A lo largo de la historia, distintos líderes autoritarios intentaron usar los eventos deportivos globales para proyectarse internacionalmente. Tal fue el caso de Mussolini, cuando Italia fue sede del Mundial de 1934, y también el de Hitler, con las Olimpiadas de Berlín de 1936. En ambos casos, no se produjo una mejora sensible de su imagen mundial.
Un cambio importante entre finales del siglo XX y entrado el XXI se da con la globalización del deporte a través de los medios de comunicación, tanto los tradicionales como los más nuevos. Desde sus inicios y hasta la mayor parte del siglo XX se trató de un deporte básicamente occidental, con Europa y América Latina como claros protagonistas y sin que se trasladara a Asia, África u Oceanía.
Con la televisión primero e internet después, el fútbol se fue mundializando. Paradójicamente, y desde un punto de vista político, en ese mundo globalizado donde los supermercados se llenaban de productos extranjeros, el deporte se transformó en una expresión de nacionalismo y los colores patrios pasaron a revalorizarse como manifestación identitaria y nacional en los Mundiales de fútbol.
A ello hay que agregar que la participación de los países no occidentales en el Mundial también se fue extendiendo. En el primer Mundial de 1930 sólo participaron países europeos y americanos (que son los que han ganado todos los torneos hasta ahora) mientras que en el Mundial de 2026, sobre cuarenta y ocho participantes, veinte no son occidentales: diez son de África, ocho de Asia y dos de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda sumados tienen sólo treinta y dos millones de habitantes, menos del 0,4% de la población mundial). El 80% de la población no occidental no ha ganado hasta ahora ningún Mundial, pero en el último estuvo representada por el 40% de las selecciones participantes…

En Bangladesh, la figura de Lionel Messi y la Selección argentina de fútbol provocan masivas simpatías. Universidad de Dhaka, junio 23, 2026.
Foto REUTERS/Mohammad Ponir Hossain
historiador y profesor de la Diplomatura en Cultura Argentina
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