NUEVA CULTURA


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NUEVA CULTURA Compartí

La cultura es un mundo vasto y hermoso, pero en el que resulta difícil hacerse un lugar cuando uno recién está comenzando. Por eso el Instituto de Cultura del Centro Universitario de Estudios (CUDES), le quiere abrir las puertas al nuevo talento.

Invitamos a poetas, escritores y artistas plásticos a que nos envíen una de sus creaciones para ser publicada en nuestra revista digital. En esta ocasión publicamos a Florencia A. Aráoz, joven escritora, dibujante y abogada de Berazategui (Provincia de Buenos Aires). Ella nos deleita con dos microrelatos y un cuento fantástico. A disfrutar con su lectura…

 

Escritora

Era tan pero tan ansiosa que la novela le parecía un cuento; era tan pero tan curiosa que leía primero la última página; eran tan pero tan apurada que nunca leía todas las palabras, se las iba comiendo vorazmente. Un día sin palabras se quedó y con angustia miró sus manos. Y ahora que he llegado, ¿a dónde voy? – se preguntó. Tomó la pluma, el papel y allí buscó su calma.

 

Delicada 

Había una vez una hermosa princesa de dulce voz y mirada de ensueño. Desde que nació su padre le decía cuando hablar, su madre le decía como vestir, y sus sirvientes hacían todo por ella. Tan frágil la creían que ni levantarse sola de la cama la dejaban. Una trágica noche, se incendió un ala del castillo, todos salieron corriendo menos la princesa. Sumido en el dolor, el rey grabó en su lápida “Amada princesa, murió por nuestro prejuicio”.

 

El Monstruo Viscoso
Hace mucho tiempo escribí una crónica sobre ese ser. Quise dejar todo de manifiesto
lo más detallado que podía. Claro que lo que había escrito hasta entonces no eran más
que reseñas de partidos locales, la inauguración de una nueva confitería, o el
“grandioso” concierto de la banda local. Los recursos típicos que podía tener un
aspirante a periodista en el diario de mi ciudad.
Cuando presenté la historia de ése ser monstruoso, claramente no esperaba un premio
Konex (bueno, tal vez sí), pero algo de reconocimiento pretendía lograr. Aunque sea
trabajar en un periódico en el que sí me pagaran. Pero sólo recibí risas.
–¡Qué historia tan tremenda! –me dijo divertido el editor, negando mientras me
devolvía la hoja –pero eso no va con nuestra línea editorial, contamos hechos, no
escribimos literatura fantástica.
Me quedé atónito: “¿Un cuento? Pensaba que era un cuento”. Traté de convencerlo
de que era real, pero él sólo parecía reírse. Mi insistencia en la verdad de ése ser
viscoso y putrefacto, que acechaba las casas y era un peligro para nuestra comunidad,
no parecía ser una preocupación que el diario “El Pensamiento” debía de notificar.
Me dio una palmada en la espalda y me dijo que seguro se debía a lo monótono de
nuestro oficio, pero me aclaró que era el deber de alguien comunicarle a esta hermosa
comunidad las novedades que nos hacían tan productivos: como el día que la Capilla
Santa Teresa rompió su propio record en venta de pastelitos, o cuando los niños de la
Media 8 hicieron esa bandera gigante para el Mundial. Me recomendó unas semanas
de vacaciones (total no me pagaba), asegurándome que una vez que hubiera
descansado volvería con más ánimos.
Salí devastado de aquel lugar. Una criatura sobrenatural estaba en nuestro barrio y a
nadie parecía importarle. Traté de hablarlo con mis vecinos, con la policía, con
parientes. Los consejos fueron: ir al psicólogo, yoga, ¿crossfit? y varias terapias
alternativas, una que incluía bañarse con agua fría en pleno invierno. Todo el mundo
culpaba al estrés, al mal de ojo o que no hubiera elegido una carrera redituable como
abogacía. Hay veces que las personas me sorprenden, no creen en un monstruo pero si
en movimientos espirituales.
Volví a mi departamento para pensar qué hacer con ese ser. No podía publicarlo en el
diario local y la policía tampoco resultó ser una opción. Me tiré en la cama a pensar.
Algo debía hacer, pero enfrentarlo no era una opción… ¿Publicarlo solo? Tampoco
quería quedar internado en un loquero. ¿Cómo hacerle ver a la gente que era real y
que era un peligro?
—Nadie te va a creer —dijo la voz pastosa saliendo de placar. Allí estaba, como
siempre. Aún no entendía ¿Por qué no me había matado? Ese ser viscoso y morado,
que iba matando niños en las noches oscuras, me acechaba desde que tenía doce
años.

—No podés seguir haciéndolo, alguien más se va a dar cuenta —le advertí molesto.
¿Con él o con el mundo? ¿O con mi cobardía?
—A los humanos sólo les interesa lo que ellos quieren ver… No lo que es real —me
aseguró, adentrándose en la habitación como si fuera su casa.
—¡Los niños le importan a todo el mundo!
—Eso es lo que vos creés, pero no sabés cuantos niños pueden desaparecer sin que
nadie los note, sin que a nadie le importe.
—¿Por qué ellos? —Sentía la angustia crecer dentro de mí.
—Son presas fáciles y sabrosas –dijo mientras se acercó. Era morado o violeta o algo
en ese color. Parecía un juguete elástico que estuvo muy de moda cuando era chico.
Olía a azufre, ese olor parecido a huevos podridos, ácido y volcanes. El conjunto en sí
era horrible. Con el tiempo me había acostumbrado y podía verlo directamente sin
esas incipientes ganas de devolver lo que había comido.
—¿Por qué no me mataste? —Esa era la pregunta que más temía hacerle. No quería
morir ¿Quién quiere morir? No había llegado a la adultez, apenas me mantenía en ese
pequeño monoambiente, no había tramitado mi título aún. Todas esas cosas se me
cruzaban en la cabeza, cuando en mi arrebato de frustración le pregunte “¿Por qué?”.
Tenía que saberlo, después de todas esas muertes ya no podía seguir con esa duda.
—Esta vida es solitaria y te elegí para entretenerme —contesto sin darle importancia.
La respuesta me irritó. Tan simple, tan superficial. Estaba furioso pero aún así… no hice
nada, no moví un solo músculo, no atenté con atacarlo. Me quedé allí sentado en mi
cama mirándolo.
No lo detuve. Apenas doce años después de conocerlo, de saber lo que hacía, me
animé a escribir algo. Cada año mataba a un niño, cada año yo me quedaba callado.
¿Qué podía hacer un niño contra un monstruo? ¿Qué puede hacer un adulto?

 

 

Para conocer más de esta talentosa escritora:

https://lifesstyleofmirabellastoor.wordpress.com/